Sentados en dos mecedoras en una noche de
verano sobre una avenida transitada de la ciudad de Monterrey, acompañados de
unas cuantas cervezas los dos coetáneos conversaban sobre lo mucho que le
afecto a uno, Gabriel, el haber terminado con su pareja. Gabriel comentaba el hecho de no poder dejar de pensar en ella, a pesar de que tan solo habían transcurrido
unos días, él no lograba sacarla de su
cabeza.
Todo le recordaba a su ex mujer, ciertos
lugares (restaurantes, bares, tiendas e incluso el lugar en el que ambos
estudiaban), perfumes (el olor de su cuello, el olor de su pelo, su aliento,
incluso el olor proveniente de su monte de Venus) canciones (Boat Behind, de
King of Convenience, Everybody's Gotta Learn Sometimes de Beck) el cielo a
cierta hora de la tarde en la que se forman arreboles; mismos que tanto
admiraban, los mensajes a celular, el sonido inconfundible notificándole que su
amada habíale escrito unas palabras, cierta ropa que llevaba puesta, pues
le había regalado, a lo largo de su relación camisas y demás artículos de
uso personal.
Gabriel mencionaba todo esto a Lázaro tratando
de no romper en sollozos, tan ingente era su congoja que costabale trabajo
contenerse.
Preguntabase una y otra vez que es lo que pudo
haber hecho para evitar tan trágico desenlace, planteó muchas
posibilidades e innumerables situaciones alternas, tratando de encontrar aquella
que le fuese favorable, aquella que le permitiese guardar el amor tan
querido, Lázaro escuchaba meditabundo tales aflicciones mismas que no le
fueron ajenas, pues al igual que Gabriel, él había tenido varios
desamores. Mientras escuchaba a Gabriel lamentándose una y otra vez sobre
el amor que había perdido y la congoja que le flagelaba, Lázaro rompió el
silencio y al fin dijo triunfalmente y con brillo en los ojos : “La
disociación es la clave para no sufrir después de una separación”. Gabriel lo miraba atónito y perplejo, pues
poco o nada entendía aquellas enigmáticas palabras, pensó que quizá, en un
acceso de locuacidad, solo había juntado un montón de palabras y hecho la frase
o quizá la cerveza había hecho su efecto y ya empezaba a trastornar la mente de
Lázaro.
Después de espetar tales palabras guardó
un solemne silencio, decidiose a explicar en que consistía su frase. Gabriel
–dijo Lázaro– es imposible que no sufras de tal manera por un amor que se ha
ido, pues es algo inherente al mismo, así como la muerte a la vida, el día a la
noche, el cielo al averno; la contraparte del amor es el dolor,
mismo que ahora padeces empero, hay ciertas formas de mitigarlo y ello se
logra mediante la disociación, es decir, el hecho de nunca asociar a una mujer
cualquier tipo de actividad que no hayas hecho con antelación. No impregnes la
imagen del ser amado en cosas, lugares, olores o sonidos que no hayas visto,
probado, olido etc… de tal suerte que lo que hagas con ella lo hayas hecho antes
de preferencia solo, recuerda que así vinimos a este mundo y así nos
vamos.
Gabriel se mostró escéptico en cuanto a que tan
viable podría resultar probar lo que su coetáneo decía, después de meditar un
rato sobre el asunto llegó a la conclusión de que no era tan descabellado y que
poniendo empeño se podría realizar.
Las cervezas en ese
punto habíanse agotado así que sin más miramientos fueron al
supermercado para reabastecerse, como no quedaba muy lejos decidieron ir a pie.
Mientras avanzaban, Gabriel hizo notar que días antes él y su novia solían
seguir un camino de piedritas que se formaban en el pavimento, suspirando y
mirando al cielo se preguntaba que estaría haciendo su ex mujer en aquel
momento, Lázaro lo miraba de soslayo y con un aire despectivo, pensaba para sus
adentros: “que clase de energúmeno es este si acabo de hablar con él sobre tal
asunto, pero en fin”, prefería tomar acompañado que solo.
Al
llegar a la tienda se reabastecieron y de regreso Gabriel seguía suspirando por
su ex mujer, después de todo él no había podido poner en práctica aquello de la
disociación. Al sentarse de nuevo en las mecedoras contemplaban los vehículos
que transitaban en la avenida, justo en el instante en que Gabriel pareciera
que volviese a tocar el tema de su ex novia presentando una serie de
circunstancias que quizá hubieran cambiado las cosas, Lázaro lo interrumpió abruptamente levantando
el dedo índice hacia el cielo para solemnemente decir: “El hombre es
arrojado inmisericordemente a la vida para actuar una obra de teatro
en la cual nunca tendrá tiempo de ensayar, jamás leerá el guion y jamás sabrá qué
dirán los personajes con los cuales interactuará a lo largo de esta y quizá, la
más grande tragedia estriba en el no saber si hubiese podido terminar de otra
forma”. Así que te ruego Gabriel –dijo Lázaro en tono resuelto– que dejes
eso por la paz y nos dediquemos a contemplar las dulces y abundantes féminas
que frente a nuestros ojos se presentan despojadas ya de los atavíos invernales
para mostrar así las partes que durante el invierno estuvieron cubiertas. Y en
efecto, los dos contemplaron a las féminas que no escasearon a lo largo de la
noche, levantándoles el ánimo y en ciertas ocasiones algo más, Dios sabe
que algunas de ellas fueron hechas única y exclusivamente para pecar.
Al término de un rato la afluencia de estas bajó así como
la cerveza. Decidieron dar por terminada la conversación y degustación de
féminas.
Dado que se encontraban en la casa de Gabriel
este solo tuvo que acomodar las mecedoras y recoger las colillas de cigarro.
Lázaro vivía a unas cuantas cuadras así que fue a pie. Los dos se
despidieron afectuosamente, pues nada hace mejor al corazón que
expulsar las desdichas. Mientras regresaba camino a casa Lázaro contemplaba la
hermosa luz de la luna que iluminaba las calles, el sonido del viento que se
colaba por entre las hojas de los arboles, las parejas que, buscando el rincón
más oscuro dan rienda suelta al amor que se profesan, escuchó a lo lejos la risa
de estos, y por un momento extrañó el no tener a nadie que compartiese con el
tan bellos y pequeños detalles, pero de golpe recordó que en algún punto de su vida las tuvo.
Tiempo atrás hubo mujeres que lo amaron pero él,
en su empeño por disasociar todo no podía darse la oportunidad de disfrutar
tales experiencias. Guardar un recuerdo de los momentos que pasó a lado de
ellas era como despertarse por las mañanas y aferrarse a remembrar el sueño que
con el paso del tiempo se desvanece hasta no quedar nada.
Al final se dio cuenta que envidiaba a Gabriel
por llorar su amor perdido, por sentirse vivo a través del dolor que sentía,
por asociar esos pequeños detalles de la vida a aquella mujer a la que
tanto amó, algo que Lázaro no se había permitido sentir desde hace mucho
tiempo, fue entonces cuando se percató que había estado muerto y podrido
por dentro desde mucho tiempo atrás.

Comentarios