De entre todos los sentimientos es el más común, -¿acaso el más sentido?- aquel que, todos en algún punto de nuestra vida llegamos a experimentar hacia cierta persona, animal o cosa. A lo largo de la historia poetas, músicos, escultores, dramaturgos, escritores, artistas, pintores y un largo etcétera de personas, le han tenido como musa de cabecera. Sin embargo no es raro encontrar que algunas personas (pocas quizá) no lo hayan experimentado a lo largo de su vida, imaginaras amable lector, que ello sería como estar en el mismísimo averno en plena tierra, pero no nos desviemos del caso que nos atañe. En tiempos recientes se ha manifestado un incremento considerable en la dedicatoria e interpretación constante de una canción, escrita alrededor de 1970 misma que, desde su presentación por vez primera en aquel año logró un alto grado de aceptación entre las masas, no limitándose únicamente a nuestro país.
Actualmente ha sido traducida a más de 45 idiomas, en ocasiones es interpretada en dichos idiomas, supondrás lector que con ello se arruina la canción, o en su defecto que se pierde mucho el sentido que originalmente se tenía. Empero es deber de un hábil traductor, trasladar el mensaje original a otra lengua, “adornándola” o haciendo que las palabras embonen en el engranaje que cada lengua requiere, virtud a la que muchos aspiran pero pocos logran alcanzar.
La cuestión aquí reside cuando un millón, sino es que más personas incapaces ya de poder expresarse por su cuenta recurren una y otra vez a la misma canción. Infinidad de ocasiones ha sido interpretada, infinidad de ocasiones ha sido dedicada. ¿Será acaso que, si se repite una y otra vez es porque lo que encierra nunca ha pasado y nunca pasar de moda? ¿Porque lo que en ella se intenta transmitir es algo inherente a nuestra alma? ¿Algo de lo cual nunca nos cansaremos? O quizá mayor aún sea el siguiente planteamiento; “algo que precisamos para poder sobrellevar la vida y seguir adelante no importa qué” Millones la han tomado prestada una y otra vez, cada hora cada minuto cada segundo pero su brillo sigue intacto, su resplandor inextinguible. Así como el sentimiento que la inspiró y su mensaje original seguirán siendo prestados una y otra vez, sin que esto conlleve desgaste. Afirmo que un sentimiento universal no puede y no debe desgastarse.

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